“Bienvenidos al Archivo Metropolitano de Historia de Quito”

sede del Cronista de la Ciudad

Acta de Cabildo

Donde fue la biblioteca del primer alcalde la ciudad, Jacinto Jijón y Caamaño, en la Circasiana, funciona el Archivo Metropolitano. En este espacio de dos plantas, donde están distribuidos varios libreros, es donde reposan las actas, sesiones de Concejo, Resoluciones y más información de la ciudad desde 1534, año de la fundación de Quito, hasta 1992.

En un aparador de madera, donde están talladas cuatro cabezas de león con alas y un ángel en el centro, están dos libros que guardan  las tres actas de Fundación de San Francisco de Quito, que datan de 1534. 


En el Primer Libro de Cabildo constan las tres actas de Fundación de la Ciudad de Quito, la una data del 15 de agosto, otra del 28 de agosto y la del 6 diciembre de 1534; las dos primeras fueron redactadas en la ciudad de Riobamba y la del 6 de diciembre, que es la marca jurídicamente la fundación de la ciudad. Con estos documentos son los que nace el archivo Metropolitano de Historia. 

En esas actas consta la rúbrica de Sebastián Benalcázar, como fundador de la ciudad, y de Francisco Pizarro; la costumbre española de la época era darle un valor jurídico al acta y al final de cada una firmaban todos los regidores, el corregidor en orden de jerarquía y el escribano al final; se nota en estas páginas la falta de caligrafía, ortografía y los rasgos de la escritura son muy juntos, incluso empleaban abreviaturas para escribir. 

Diego Chiriboga, funcionario del Archivo Metropolitano de Historia, dijo que el papel era importado y procedía de España y del Virreinato de Lima. “Era sumamente costoso, por eso se empleaba al máximo la superficie, porque cuando había escasez el escribano debía aprovecharlo -recordó-, inclusive existen textos pequeñitos, pero cuándo no habían esas restricciones en el uso del papel, el escribano ponía dos o tres palabras en un solo renglón, al final hacía un rasgo para que no escriban nada más allí y no se ocupe o altere el contenido original”. 

La escritura que llegó acá se caracterizaba por no tener caligrafía, ni puntuación, ni separación de palabras, apuntó Chiriboga, generalmente los nombres de lugares y de personas abreviaban. “Esta escritura era la llamada ‘procesal encadenada’ o ‘bastardilla’, es decir que era la escritura más vulgarizada, porque sus rasgos eran continuos y las palabras pegadas”. 

El Primer Libro de Cabildos tiene cerca de 450 folios (hojas) y el soporte en el que está la escritura es en ‘papel de trapo’. Este era sumamente rustico y entretejido, en los filos se puede apreciar que no es simétrico, es decir no es recto, algunas hojas tienen marca de agua, que son un distintivo de quien lo elaboró. 

El primer escribano de Quito fue Juan de Espinoza, que era una persona letrada. “En el caso del Primer Libro de Cabildos, la tinta es de color verde, por eso se lo llama el libro verde, es de un tono obscuro, la tinta era elaborada con nuez de agalla o con productos ferruginosos -dijo-; esa tinta era tan ácida que al momento de impregnarse en el papel lo quemaban, con el transcurso del tiempo el papel se carcomía, pero la letra esta allí indeleble”. 

La tapa del libro esta encuadernado con pergamino. La tapa actual es de tipo español contemporáneo, elaborada y tallada en madera, elaborado por don Neptalí Martínez, se presume que en 1900. 

En las primeras actas consta siempre un encabezamiento, en el cual se puede leer: En la Ciudad de San Francisco de Quito o en la Muy Noble y Muy Leal ciudad de San Francisco de Quito; además, consta la fecha, nombres de las personas que participaron y cada una de las resoluciones y acuerdos adoptados. 

En el Segundo Libro de Cabildos, consta una copia de la cédula Real del Emperador, en el que concede a la ciudad de Quito el primer Escudo de la Ciudad, muy parecido al actual; además de los 204 nombres de los españoles, este fue el primer censo que se hizo; a ellos se les pidió que si querían residir en la ciudad se anotarán. Esos nombres también constan en el frontispicio de la Catedral. 

Todos los textos antiguos son transcritos, en ello se demoran cerca de seis meses, pues deben hacer varias observaciones, para transcribir el espíritu del documento. Esto es publicado en libros actuales para que sean de uso público, y reposan en las bibliotecas municipales y en la biblioteca Aurelio Espinosa Pólit, en Cotocollao. 

 Al momento el Archivo Metropolitano de Historia recibe solo a investigadores, que deben llenar un formulario, con sus nombres completos, el texto que revisa, qué uso se va a dar y, en caso de que la información sirva para alguna publicación relacionada con la ciudad, se pide una copia.
 
 

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